Pobreza en Irán mientras fabrica la bomba nuclear

A pesar de que el 40% de su población vive bajo el umbral de pobreza, el islamista Ahmadineyad se gasta gran parte de los ingresos debidos a su gran reserva de petróleo en prosigue en su desagío nuclear. Según relataban los diarios ayer, Irán tiene ya la bomba nuclear a su alcance.
Además, nos cuenta ABC que en el último mes ha cambiado a los dos ministros que ocupaban las carteras más importantes para la planificación económica de Irán y al director del Banco Central. La batalla por el programa atómico en el plano internacional ha eclipsado la totalidad de los asuntos internos y, tras dos años al frente del país, Ahmadineyad se encuentra ahora con un Irán que debe racionar la gasolina y cuya inflación está fuera de control. El recorte del combustible, que comenzó antes del verano, resulta llamativo ya que Irán es el cuarto exportador de crudo mundial. [...] Y es que la apuesta de Ahmadineyad es exterior. El nombre de Irán ha comenzado a sonar con fuerza en países como Venezuela, Nicaragua, Ecuador o Cuba. Desde su llegada al poder en agosto de 2005, la república islámica inició una campaña de acercamiento a los países no alineados con EE. UU., que ahora se traduce en inversiones económicas, algunas discutidas por amplios sectores de Teherán, que lamentan el exceso de atención en América y el descuido de las provincias iraníes. [...]
Mientras Ahmadineyad juega a la guerra con sus amigos anti-Bush, la música entró por primera vez desde 1979 en el Irán de los ayatolás (eso sí, a las artistas les impusieron el velo para tocar). Una sinfónica acaba por fin de tocar en Teherán. La música en general y la occidental en particular no han tenido buena fama en Irán, ya que se considera blasfemia mostrar los instrumentos. Incluso "hay gente que no ve la televisión para evitar escuchar música".
En fin, aunque los ayatolás intenten imponer su puritanismo religioso, los resultados de la revolución cultural islámica no han dado los frutos esperados y muchos jóvenes se revelan ante la censura y la represión. Pese a los esfuerzos de las autoridades por islamizar a su población, la religión está en regresión en muchos sectores, cada vez más alejados de los valores islámicos que tratan de regir las leyes y normas de la sociedad. Transcurridos 28 años desde el establecimiento de una república islámica en el país que hasta entonces era el más occidental de todo Oriente Medio, los jóvenes que han nacido y crecido dentro del sistema han ido aprendiendo los trucos para intentar vivir, vestirse y divertirse como lo hacían sus padres, o como ven hacerlo a la gente de su edad por los canales del satélite. Como nos relata un joven en ABC: No hay bares, ni discotecas, las fiestas se organizan en casas particulares. No está permitida la venta de alcohol, pero en el mercado negro se compra de todo. Para los que no tienen el dinero suficiente, queda la producción artesana usando alcohol de farmacia, lo que provoca sistemáticamente intoxicaciones a lo largo del país. En las fiestas del norte de Teherán se deja un cuarto para que las chicas se desprendan de su ropa oscura nada más entrar. Las batas y los pañuelos caen de los cuerpos y descubren modernos vestidos, escotes, minifaldas y camisetas de las mismas marcas, colores y diseños que en cualquier país del mundo. La moda islámica impuesta en las calles por las nuevas patrullas de la fe desplegadas por el Presidente Ahmadineyad, se convierte en la misma moda joven que en Madrid o Barcelona. [...] «El truco está en la calle. Si no llamas la atención, te dejan en paz y en tu casa puedes hacer lo que quieras. Si algún vecino se queja puede venir la policía, entonces se paga una multa y, como mucho, se termina en comisaría. Pero no hacemos nada que no hicieran nuestros padres antes del 79 y por eso nos comprenden». Irán se mueve, avanza, y el régimen islámico se enfrenta a una realidad distinta a la que hace veintiocho años provocó la victoria de Jomeini. La revolución cultural y la islamización de la educación y de la sociedad no han podido calar en todo el país por igual y el norte de Teherán es un espejo al que empiezan a mirar el resto de jóvenes iraníes, que ven allí un pedazo de occidente dentro del régimen.
P.D: ¡Ayatollah no me toques la pirola!